Forte impulso no setor de exportação

Hay muchas razones que explican el proceso de devaluación de una moneda. Pero uno podría simplificar con una reagrupación general en sólo dos causas: una es la escasez extrema de reservas que impide a un banco central controlar la salida alocada de divisas, como ocurrió en Brasil en los estertores del siglo XX y en la Argentina, en los albores del tercer milenio. Pero puede ocurrir que un gobierno decida manejar su tipo de cambio de acuerdo a las condiciones de competencia comercial en el mundo en un momento dado.

¿Dónde está parado el gobierno brasileño en esa dualidad de factores? No en el primer caso: le sobran divisas en las arcas de su institución bancaria rectora, donde se acumulan nada menos que 372.000 millones de dólares. Con esa “tranquilidad” de reservas internacionales, sin duda el presidente del BC brasileño, Alexandre Tombini, tendría todas las condiciones para detener el proceso de depreciación. O, al menos, para evitar que se acelere. No es lo que ha ocurrido. Como indican los analistas financieros, la actuación del banco central brasileño es “cada vez más limitada”. No se ha ido por completo pero, dicen, “su programa de intervenciones en el mercado cambiario se redujo en más de la mitad”.

La apuesta del ex presidente Lula da Silva, en sus dos mandatos, fue la de ampliar el mercado interno en base a incorporar territorios, especialmente del nordeste, al consumo doméstico. Esa estrategia fue continuada por Dilma Rousseff en su primer mandato: continuó con el enfoque desarrollista que privilegió consolidar la demanda nacional, a través sobre todo de inversiones públicas. Ese rumbo parecería haber llegado a su fin. Iniciado el segundo período, y con el economista Joaquim Levy en el Ministerio de Hacienda, el enfoque apunta en otra dirección: al cortar los gastos públicos (en forma drástica hasta ahora) no quedarían muchas alternativas para fomentar un nuevo ciclo de crecimiento. La nueva “vestal” económica viene a ser, así, la devaluación del real. Como las depreciaciones significan siempre un abaratamiento del salario, esto debe alimentar la competitividad de los productos brasileños en el exterior: la gran apuesta de Rousseff en los próximos cuatro años es, justamente, el sector exportador como generador de divisas y de un nuevo “ciclo virtuoso” de crecimiento.

Es este escenario el que da sustento a las afirmaciones del canciller Mauro Vieira, quien llegó ayer a Buenos Aires en su primera visita oficial al extranjero. Habló de “pragmatismo y resultados concretos” en comercio exterior como la clave de su gestión iniciada en enero. Todo apunta a convertir el vecino en “una plataforma exportadora”, algo así como una China sudamericana.

Fonte:


Desenvolvido por Controle Online - Desenvolvimento de aplicativos

Hospedado por Go Infinite