São economistas estavam sem bússola para medir o crescimento global?

¿Los economistas se quedaron sin brújula para medir el crecimiento global?

 

 legislador porteño, de los que salen mucho en los medios, es famoso entre los periodistas políticos porque cuando lo llaman para obtener su visión sobre un tema determinado responde: "Ahá? ¿Y necesitás que te hable a favor o en contra?" Esta columna comienza a nutrirse de la misma filosofía: hace dos semanas se resumió el debate por el "estancamiento secular", en el que muchos economistas conocidos -el que popularizó la etiqueta es el ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos Larry Summers- sostienen que el mundo entró en una etapa de menor crecimiento a nivel estructural. Como dicen los personajes de Game of Thrones: "El invierno se aproxima". Esta vez, se defenderá desde aquí la hipótesis exactamente opuesta: la actividad global goza de mejor salud de la que se cree, en buena parte porque las mediciones tradicionales del PBI no están captando los avances tecnológicos en toda su dimensión.

Como dirían las placas rojas de Crónica TV: "Faltan siete días para que llegue la primavera".

"Los beneficios del output -resultado final- de los fenómenos tecnológicos disruptivos son difíciles de valorizar y no se encuentran incluidos en las cuentas tradicionales más que por sus costos o factores utilizados", explica Ariel Coremberg, un economista especializado en medición de stock de capital, ex técnico del Indec, que viene procesando una estimación del PBI argentino que da más de doce puntos por debajo del producto oficial. "Es muy difícil determinar, por ejemplo, cuál es el output de Google, o de una aplicación que nos permite compartir el auto con otra persona, por mencionar dos de los miles de ejemplos de la nueva economía que no se llevan bien con las mediciones tradicionales", agrega Coremberg, que investiga en el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que dirige Daniel Heymann.

En realidad, el "tipo" de problema que surge entre la era digital y los cálculos del PBI no es muy distinto al que históricamente se planteó con algunos servicios difíciles de valorizar: la cuestión es que esta zona gris, en la nueva etapa, está creciendo en forma exponencial. "Pasa lo mismo con la educación, la salud e inclusive con los servicios financieros. Hay quienes sugieren medir al aporte de la salud por la gente que se cura y no por la cantidad de consultas; o incluir a las notas como resultado del output educativo, o de los salarios relativos de la población educada (al estilo del enfoque de Gary Becker sobre el valor económico del capital humano)", plantea Coremberg.

"Buena parte de la dificultad subyace en suponer que los bienes y servicios sólo tienen valor en relación con lo que se paga por ellos. En la era de Internet, con tantas ventajas que llegan gratis a los usuarios y empresas, la subestimación adquiere proporciones descomunales", explica el economista Mike Masnick en el blog Techdirt. Otro artículo, del historiador económico Joel Mokyr (es israelí y da clase en los Estados Unidos) apunta en el mismo sentido. En su columna: "Lo que los pesimistas no están viendo", publicada días atrás en el Wall Street Journal, sostiene que "la ciencia está avanzando como nunca antes en formas que mejoran nuestra vida cotidiana, pero este fenómeno no se refleja en las estadísticas del PBI".

En la década del 80, el economista y Premio Nobel Robert Solow hizo famosa la frase: "Veo computadoras en todas partes, menos en las estadísticas de productividad".

En la actualidad, los más descreídos del aporte de los avances tecnológicos a la riqueza de las naciones argumentan que la economía global está estancada, que el valor agregado de Internet es relativamente bajo (que básicamente reemplaza negocios que estaban offline por esquemasonline) y que inventos y progresos de la revolución industrial, como la electricidad o la difusión de las redes cloacales, tuvieron en su momento mucho más impacto, en términos relativos, que las tecnologías recientes.

"Nada como una recesión para poner a los economistas en un tono depresivo y con perspectivas sombrías. Muchos de mis colegas, al igual que sucedía en los años 30, creen que hay un estancamiento secular. Sostienen que las décadas de alto crecimiento en el siglo XX fueron un episodio histórico excepcional, y que nuestros hijos no serán más ricos que nosotros", dice Mokyr, "¿Qué hay de incorrecto con esta historia? La respuesta se resume en una sola palabra: tecnología". "Los economistas no entienden a la era de la información, por lo tanto sus aseveraciones de los últimos tiempos (sobre un estancamiento secular) son una broma", agrega Masnick.

Un caso simple y bien gráfico es lo que sucede con la tendencia tecnológica a producir en un tiempo corto bienes que son mejores y más baratos. Por ejemplo, una computadora que es el doble de potente y la mitad de barata aparece en las estadísticas con un valor económico que es la mitad, y no como cuatro veces más valiosa, que es lo que realmente está aportando.

"La nueva economía, en áreas como la genética, la química de materiales o todo lo que está generando el fenómeno big data es un dolor de cabeza para las mediciones estadísticas tradicionales", dice el profesor de la UBA y de la Udesa Daniel Heymann. "Este factor introduce mucho ruido en la discusión de si existe o no un estancamiento secular, como dice Summers", agrega quien evaluó la tesis de doctorado del actual ministro Axel Kicillof.

"Desde los avances que estamos viendo en genética molecular hasta la computación cuántica, la promesa de cambios para el corto y mediano plazo se eleva varios órdenes de magnitud. Varios de estos adelantos son poco glamorosos -como la revolución que se está produciendo con nuevos materiales, y son poco tenidos en cuenta por los economistas", dice Mokyr. Es un punto en el que coincide Santiago Bilinkis, emprendedor, economista y embajador de Singularity University en la Argentina: "Los progresos más espectaculares los estamos viendo en laboratorios, no en gadgets tecnológicos. Es un error concentrar todo el análisis en el aporte de Internet, que es un medio o un catalizador de muchas de estas tendencias", afirma.

Para Mokyr, los actuales esquemas de estadística están armados para una economía de acero y carbón, y se pierden de captar el aporte de lo que son hoy los sectores más dinámicos. ¿Cómo dejar de lado en las mediciones a los fenómenos de la denominada "economía por compartir, que permiten ahorros de tiempo y crean sinergias antes imposibles de lograr? ¿Por qué no entra en la estimación de riqueza el tiempo que se ahorran trabajadores gracias a aplicaciones móviles que les permitan optimizar su trayecto a la oficina? Los ejemplos son miles. Hay algo seguro: el próximo gobierno que asuma a fines de 2015 tendrá un doble desafío para el Indec: recuperar la credibilidad de sus cifras y adaptarlo a un mundo de innovaciones que será completamente distinto al que había en la época que fue creado..

 

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